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La caída libre, en sus diversas modalidades -aunque siempre, lógicamente, con paracaidas- se ajusta a la perfección en la definición de deportes extremos aéreos. La sencillamente inigualable sensación de experimentar la altitud, la ingravidez, el caer desde cientos o iles de metros emulando el vuelo de los pájaros, aunque sea sólo por unos breves momentos en la vida, es algo difícil de explicar o de vivenciar por otros medios.

El paracaidismo deportivo debe ser considerado no sólo como un deporte extremo o de riesgo, sino como una auténtica herramienta de formación personal, tanto mental como corporal, que contribuye a equilibrar nuestras  emociones, controlar nuestras ansias y miedos, mejorar nuestras  habilidades físicas, y ganar en autocontrol, autodominio, capacidad de concentración, superación,...

Normalmente los saltos en paracaídas se suelen realizar desde aviones o avionetas, desde diversas alturas, aunque en general suelen rondar los 4000 metros. Se pueden practicar saltos en solitario o en tándem (en pareja), y lo más habitual es que se realicen en lugares donde el paisaje sea bello o singular, añadiendo una nota de color "extra" a la experiencia, en sí misma, siempre fascinante de la caída libre. También es cada vez más frecuente entre los paracaidistas llevar consigo cámaras fotográficas o de video para registrar sus saltos, el paisaje, a sus compañeros de vuelo, etc.

La variante más arriesgada del paracaidismo, o paracaidismo extremo, es el salto base, una experiencia aún más adrenalínica y temeraria que el paracaidismo normal, pues se realiza desde menor altura que desde un avión, aprovechando elevaciones naturales del terreno, como bordes de barrancos y precipicios, techos de rascacielos, monumentos de gran altura (como la Torre Eiffel en París, por ejemplo). La menor altura obliga a los practicantes de salto base a abrir antes el paracaidas, por lo que sus vuelos, frente a los varios minutos que suelen durar los del paracaidismo típico, apenas duran unos segundos, pero llevan ese "extra" de peligrosidad que supone el disponer de menos tiempo para ejecutar sus piruetas aéreas y la imprescindible maniobra de apertura y control del descenso.

Otra variante, siempre con paracaidas, es la de los hombres voladores, también conocidos como hombres pájaro, y hombres ardilla. Equipados con unos trajes ultramodernos de alta tecnología, los llamados Windsuit, diseñados -por increíble que parezca- específicamente para volar, estos intrépidos deportistas se lanzan desde aviones o desde precipicios (base), para emular a las ardillas voladoras, desplegando unas membranas extendidas entre los brazos y piernas de sus trajes que les permiten planear sobre los vientos durante algunos segundos o minutos -dependiendo de la altura-, y finalmente abrir un pequeño paracaidas que les sirve para tomar tierra. Una modalidad novedosa, con pocos años de existencia, pero que cada vez gana más adeptos por todo el mundo.

Una variante del paracaidismo que añade la gracia de deportes como el snowboard o el surfing es el llamado skysurf o skyboard, peculiar técnica en donde el saltador, equipado con un tabla bajo sus pies, "surca las olas del viento", por explicarlo de algún modo, lo que le permite planear durante algún rato, antes de aterrizar.

Otras formas, bien conocidas por todos, de deportes extremos aéreos son el ala delta, el parapente, y el puenting y el bungee jumping. Equipados en estos casos con instrumentos de vuelo distintos al paracaídas, bien se trate (en el caso del ala delta) de grandes alas planeadores en forma de letra griega delta -de ahí su nombre-, de grandes alas alargadas y levemente ovaladas (parapente), o bien de cuerdas y/o gomas elásticas que atan "a la vida" antes de saltar desde un puente o grúa (puenting y bungee), suponen prácticas deportivas extremas altamente divertidas y emocionantes, que a buen seguro nos dejará un inmejorable sabor de boca, y una dosis de adrenalina difícil de olvidar.