El paracaidismo es considerado en general como un deporte de riesgo. La mera mención de la palabra "riesgo" causa pánico en numerosas personas, y es uno de los principales motivos -por supuesto, junto con las características propias de esta actividad- por los que muchos, aun sintiéndose atraídos por el tipo de experiencias que ofrece el paracaidismo, no se acercan a conocerlo de cerca, y mucho menos a practicarlo.

Sin embargo, el hecho es que el índice de riesgo y accidentes de paracaidismo es muy inferior al de otros deportes extremos e incluso al de muchas actividades normales o cotidianas. Ocurre en el mundo de la caída libre algo parecido al de los medios de transporte convencionales: nos suele parecer más estable y seguro un coche, simplemente porque va por tierra, que un vehículo aéreo como un avión, y sin embargo, todas las estadísticas demuestran que el avión es, con diferencia, el transporte que menos accidentes sufre al año. Apenas hay uno o dos accidentes de avión en todo el mundo en un año normal, frente a los millares de accidentes de tráfico (coches, motos, bicicletas, peatones) que suceden a diario en pueblos, ciudades y autopistas, a nivel global. 

Con el paracaidismo pasa lo mismo. Para el gran público -grande, pero frecuentemente ignorante sobre el tema- un paracaidista es ante todo un temerario, si no un "loco". Sin embargo, las altísimas medidas de seguridad y control que conlleva, siempre y en todo momento, la actividad paracaidística la convierten en uno de los deportes de riesgo más seguros y, prácticamente, menos peligrosos de todos.

No obstante, a veces se dan accidentes, raramente, pero se dan. Y, claro está, cuando se producen, dada la naturaleza de la actividad -descenso en caída libre desde enormes alturas, de cientos o miles de metros de altura, y a no menos de 290 km./h. de velocidad-, los resultados son catastróficos, conllevando la muerte de la víctima. 

Sin embargo, estos rarísimos casos de accidentes de paracaidismo se suelen deber, en el 99% de los casos, más que a fallos técnicos propiamente dichos (pues los equipos de paracaidismos son comprobados y revisados varias veces antes de ser utilizados, y están confeccionados con los mejores materiales y los más altos estándares de calidad), a causas exógenas, como fallos de cálculo a la hora de aterrizar -por ejemplo, produciéndose choques inesperados contra cables de alta tensión o árboles, ya a baja altura-, o a imprudencias alocadas cometidas por paracaidistas inconscientes.

Por muy expertos o veteranos que seamos en este deporte, un verdadero paracaidista profesional sabe siempre que hay que saber mantener la cabeza fría, y ser conscientes de lo que estamos haciendo, y las consecuencias nefastas que puede traernos una actitud aniñada o irreponsable durante un salto, tanto para nosotros como para nuestros compañeros de vuelo en grupo.

Por ejemplo, una de las actitudes más extremadamente irresponsables en el paracaidismo es la práctica, últimamente muy de moda entre los paracaiditstas más "extremos" o "aventureros" de saltar sin paracaida sdesde un avión (siendo salvados de una muerte segura, in extremis, por sus compañeros de vuelo con paracaídas), algo tan desaconsejable como absurdo. Otra imprudencia, que cometen a veces algunos saltadores-base y voladores con trajes de vuelo especiales tipo Wingsuit, es "picarse" entre ellos a ver quien se aproxima más al suelo antes de abrir el paracaídas, o por acercarse a accidentes del paisaje, como picos de montañas o paredes de barrancos, lo más posible, como -innecesarias- pruebas de coraje.

A continuación, presentamos algunos videos en donde se presentan ejemplos de accidentes de paracaidismo bastante notables, debidos a causas muy variadas, tan inesperadas como fatales, pero que, en todo caso -insistimos- suponen una excepción a la regla. Dos de ellos, por cierto, son saltos sin paracaidas.