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El ala delta es un tipo de aerodino, también llamado minoritariamente aerodeslizador, es decir, un artilugio diseñado para realizar vuelos sin motor planeando, mediante un sistema de ala fija, aprovechando las corrientes naturales de aire. Tanto el despegue como el aterrizaje se efectúan a poca velocidad, por lo que es posible ejecutar tales maniobras a pie, aunque es bastante común ayudarse tirándose desde sitios elevados, como pendientes de barrancos o cimas de colinas o promontorios.

Se trata de uno de los primeros artefactos creados por el hombre para volar. Se tiene constancia histórica, por ejemplo, de que el primer vuelo exitoso -aunque descontrolado- realizado mediante un mecanismo de apariencia bastante similar a los actuales alas delta, fue realizado tan tempranamente como el siglo IX por el sabio árabe Abás Ibn Firnas, aunque el primer prototipo serio, que permitía control de vuelo, tardó bastante más en aparecer: hacia 1890, fruto de un proyecto del ingenio alemán Otto Lilienthal. La invención del vuelo motorizado (avión) de los hermanos Wright, en 1903, sin embargo supondría que se perdiera, momentáneamente, el inicial interés en el ala delta. Hubo que esperar hasta 1961 para que se recuperara, gracias a un ingeniero de la NASA, Francis Rogallo, inventor de la llamada ala flexible (también llamada, en su honor, ala Rogallo), aparato ideado en principio como paracaídas controlable para el programa aerospacial Apollo. Pese a que la NASA se olvidó pronto del ala Rogallo, varios pilotos entusiastas acabaron adaptándola para su uso como aeroplaneador deportivo,como John Dickenson (1963).

El prototipo de Dickenson tuvo tanto éxito de pronto, que a partir de 1970 varias compañías comenzaron a hacer copias en masa de su ala delta, permitiendo que el vuelo libre se populariza y cimentara su interés como novedoso deporte de diversión y de competición por todo el mundo, especialmente en Europa, Oceanía y Estados Unidos. Los primeros campeonatos del mundo tuvieron lugar en Austria, en 1976.

El ala delta, tal y como hoy la conocemos, se basa en una superficie de tela muy amplia, con forma de letra griega delta, y normalmente aprovecha los lugares altos para despegar e iniciar el vuelo de planeo, aprovechando las corrientes ascendenes de aire caliente, una aplicación técnica bastante simple, que se basa en los sistemas de vuelo presentes en la naturaleza, como los vuelos de las águilas y buitres a gran altitud, mediante los mismos principios físicos. Aprovechando las corrientes ascendentes, el piloto se mantiene en vuelo durante largos periodos y realizar acrobacias con pericia.

Se compone de una gran vela amplia en forma de delta, armada en una estructura metálica resistente pero ligera (normalmente de aluminio o titanio); en su parte central e inferior, se sitúa el piloto, suspendido mediante un arnés y adoptando posición tendida o paralela respecto al suelo, para aumentar su carácter aerodinámico, ofreciendo menos resistencia al aire durante el vuelo. El ala delta se controla con cambios de posición pendular que permiten desplazar el centro de gravedad de la aeronave. Las formas de despegue más habituales son el remolque, mediante aero-towing o un torno, y el despegue a pie, aprovechando el impulso generado tras correr por una pendiente, descolgándose en picado unos metros para obtener la velocidad necesaria para la sustentación.

Mediante este sencillo pero funcionalísimo artilugio, los pilotos pueden permanecer durante horas planeando, surcando las corrientes a gran altitud, y cubrir distancias incluso de cientos de kilómetros. Una variante reciente de ala delta, ideal para zonas sin promontorios -imagínense, los Países Bajos, o las Llanuras Magiares en Hungría-, emplea un arnés especial con un motor añadido de dos tiempos (hoy día hay numerosos modelos en el mercado: NRG, Explorer, Raven, Wasp, X1,etc.)., que utiliza propulsión mediante hélice para facilitar los despegues y encontrar corrientes de aire que permitan, finalmente, planear con normalidad. Una vez se ha encontrado la corriente ascendente, el motor se apaga (de lo contrario, quitaría gran parte de la gracia a este deporte, que consiste en planear sin motorización básicamente).

Se le considera, al igual que otros tipos de vuelo libre como el parapente o el paramotor, un deporte de riesgo, aunque a decir verdad, es segurísimo; se registran al año poquísimos accidentes de ala delta -al igual que de aquéllos-, debidos, en casi todos los casos, a ciertas temeridades o imprudencias cometidas por pilotos inexpertos o "alocados", más que a otra cosa. Y lo que es innegable, es que su práctica, solo o en pareja, puede considerarse una de las experiencias más divertidas, emocionantes e inolvidables de cuantas se puedan vivir en este mundo, pues nos permite emular el vuelo de los pájaros y contemplar la tierra bajo nosotros desde una óptica única, incomparable.